DÍA DE MUERTOS Y DUELO…

DÍA DE MUERTOS Y DUELO…

¿En verdad los mexicanos nos reímos de la muerte? 

Por Psic. Giovanna Soto Pedraza

¿Qué hay que decir acerca de aquello que ronda, que nos bordea todo el tiempo? 

La concepción que tenemos sobre la muerte, varía de acuerdo a la cultura, al momento histórico, religiones, creencias, usos y costumbres, la edad y un largo etcétera de características propias de cada sujeto. 

Sin embargo, con el paso de tiempo, la psicología y otras disciplinas han enmarcado el proceso de la muerte, para que el malestar psíquico que se produce ante una vivencia de pérdida se resignifique de maneras mucho más efectivas, generando a la larga un bienestar emocional y procurando la salud mental, aunque, como sabemos, esto no es un proceso lineal, puesto que el duelo es un evento significativo en la vida de los sujetos que se da de manera personal, existen variantes en las etapas que se han definido, no obstante, en su mayoría características descriptivas con ciertas coincidencias con las cuales podemos identificarnos.

En este artículo haremos un recorrido histórico de elementos importantes en relación a la celebración del Día de todos Santos o como más adelante se le llamó en México: Día de Muertos, lo cual nos servirá para entretejer los hilos de un proceso de duelo ante un pérdida de un ser querido y quizá aventurarnos un paso más planteando una pregunta interesante para quien suscribe: ¿De verdad los mexicanos nos reímos de la muerte? 

Seguramente en algún momento de tu vida te has preguntado acerca de tu propia muerte, quizá ante un evento cercano a ella, cómo la muerte de alguien entrañable, un accidente o cualquier vivencia lo suficientemente impactante que nos confronte directamente con la propia consciencia de un evento por demás inevitable: Nuestra propia muerte. Al respecto Francoise Dolto plantea que: “Nuestra muerte es un acontecimiento que no viviremos, lo mismo que no hemos vivido nuestro nacimiento, o sea la muerte no es asunto nuestro, sino de los otros. Y creo que es por eso que siempre hablamos de la muerte sin acabarnos de creer en ella. La muerte es muy importante y algo muy curioso, en el inconsciente la muerte no existe” (1)

Por ejemplo, para los mexicas y su cosmogonía, se consideraba la existencia de: cielo (13 pisos), tierra e inframundo (9 niveles) se visualizaban como espacios en transformación, que están en constante comunicación por medio de acciones y rituales que permiten el flujo de las esencias. Para los mexicas la manera de morir era un factor fundamental para el destino que le esperaba a la esencia del difunto; en tanto el Mictlán era el sitio a donde iban los que morían de cualquier forma que no estuviera asociada a la guerra o al agua (2)

Con la colonización, llegaron los cambios y es a partir de la década de 1920 que se buscó recuperar aquello que se creía que representaban elementos para unirnos como país.  La Noche de Muertos es quizá una de las pocas ocasiones en que más gente conmemora un hecho en la mayor parte de México. Este fue el motivo por el que artistas e intelectuales trataron de hacer que la fecha de Todos los Santos, pasará a ser Noche de  Muertos, y que además fuera una noche de fiesta. Quiso hacerse creer que a los mexicanos no nos asustaba la muerte y que las “calaveras nos pelan los dientes”, porque se ríen con nosotros, y que a las calaveritas de azúcar o de chocolate les ponemos nuestro nombre para hacer presente que nos burlamos de la huesuda, la flaca, la calaca tilica y flaca… todo esto está muy en duda, pues cuando fallece alguien, se hace un “velorio” y se guarda un luto, en donde la mayor parte de las personas están conmocionadas, lo que es observable con facilidad porque se cuentan anécdotas acerca del fallecido, recuerdos de hazañas y cosas positivas que hizo el muerto en vida.

Tal como lo menciona el Maestro en estudios Mesoamericanos y psicólogo social Jaime Vázquez: “pues como tal, la relación vida-muerte formaba parte de la dualidad de la que está compuesta todo lo que nos rodea, es decir, la muerte y la vida desde la perspectiva mesoamericana siempre estaba ligada, la vida trae muerte y la muerte vida, incluso en la actualidad hay grupos indígenas que consideran a los difuntos como esenciales para la agricultura, y seguro tiene un trasfondo donde los muertos traen lluvia y cuidan al maíz, el muerto entonces era enterrado debajo del tlecuil o fogón. Los muertos, siempre estaban presentes”. 

Ahora entonces, desde una perspectiva psicológica y para el mundo actual, podríamos describir 3 fases que observamos en el proceso de duelo: 

La primera es la fase de evitación, donde surge un shock ante la noticia de la pérdida y en algunos casos una negación inicial, es un momento traumático en el que se pierde el objeto amado.

En un segundo momento aparece la fase de confrontación, donde se ubican las emociones más intensas y de alguna manera se intenta recuperar aquello que se pierde, de ahí que suele aparecer el enojo y la culpa, como sentimientos que se desbordan. Es común que en nuestra cabeza surjan recuerdos y fantasías respecto a todo lo que se ha vivido, las manifestaciones más comunes pueden ser síntomas depresivos, angustia o incluso tener la sensación de sentir la presencia de la persona perdida (quizá como una forma de “amortiguar” el dolor sentido, representado a partir de dicha sensación como una manera de retener al objeto perdido y no soltarlo, para tramitar la realidad impuesta).

La tercera fase es la del restablecimiento, donde puede observarse un desapego y los recuerdos vienen con una emoción más equilibrada, es lo que podría asociarse a la frase “tiempo al tiempo” o “el tiempo cura todo”, aunque también es importante recalcar que el tiempo por sí solo no cura.

La idea en sí de un duelo “sano”, lo cual es perfectamente natural, es que podamos sobrepasar el malestar y supone “aceptar” la pérdida”, empezando una apertura progresiva hacia nuevos horizontes, en muchos casos el proceso de duelo no es lineal y se da de manera personal, de acuerdo a las herramientas con las que cada uno cuente para poder sanar.

Lo importante de este comparativo radica en la idea de que la muerte es un proceso inherente a la vida, no obstante, los cambios culturales en nuestro país han girado en torno a la “indiferencia” del mexicano ante la muerte, quizá por eso “el día de muertos” es tan celebrado y esperado, como una válvula de escape ante lo que se calla el resto del año y que se vive de manera particular a partir de los rituales y demás celebraciones propias de la fecha. 

Es y será importante enfrentar a la muerte en vida, para que la vida en si no se vea alcanzada por la muerte, apalabrar un suceso como la muerte, es casi imposible, recordemos que la muerte nunca pasa desapercibida. 

Y para ti, ¿Qué rol tiene la muerte en tu vida?

REFERENCIAS

  1. Cielos e inframundo: Una revisión de las cosmologías mesoamericanas. Coordinación Ana Díaz (et al.)  Universidad Nacional Autónoma de México, 2015.
  2. Dolto, Françoise , Parlem amb els infants (Lleida: Pagès editors, 2005), 12-13. 
  3. Matos Moctezuma Eduardo, La muerte en México, de la época prehispánica a la actualidad. Arqueología Mexicana, Edición Especial, no.52, Octubre 2013. La muerte entre los mexicas. Expresión particular de una realidad universal.. Pp 8-87.
  4. Pelegrí Moya Matilde, El duelo, más allá del dolor. Desde jard. Freud, Número 11, p. 133-148, 2011. ISSN electrónico 2256-5477. ISSN impreso 1657-3986. 

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