Herramientas de las Neurociencias para mejorar la atención

Por Psic. Carlos Páramo López

Contenido:

  • Neuropsicología y funciones cognitivas
  • Funciones ejecutivas
  • Autorregulación 
  • Mejora de las funciones ejecutivas

Neuropsicología

El objeto de estudio de la neuropsicología son las relaciones entre la organización cerebral y el comportamiento en su sentido más amplio: acciones, emociones, motivaciones, relaciones sociales, etc. El nivel de análisis de la neuropsicología es el individuo: su historia personal, su entorno social y cultural. (Villa, 2012)

Frederiks (1985) representa las relaciones de la neuropsicología mediante un triángulo en cuyos vértices están el cerebro, la conducta y el mundo. 

La neuropsicología no estudia sólo relaciones cerebro-conducta, sino la manera en que éstas se encuentran determinadas por su entorno, por su historia, su medio social: relaciones cerebro-conducta en el mundo. 

La fórmula primaria de L.S. Vigotsky es la siguiente: el comportamiento humano se diferencia de la conducta de los animales por la experiencia social e histórica y “la duplicación de la experiencia”. 

Funciones ejecutivas 

A pesar de que no se cuenta con un constructo de funciones ejecutivas claramente definido, se puede decir que estas consisten en procesos cognitivos implicados en el control consciente de las conductas y los pensamientos

Algunos componentes integrados en estos procesos son la memoria de trabajo como capacidad para mantener la información en línea, la orientación y adecuación de los recursos atencionales, la inhibición de respuestas inapropiadas en determinadas circunstancias y la monitorización de la conducta en referencia a estados motivacionales y emocionales del organismo. De manera más concreta, estas funciones pueden agruparse en torno a una serie de componentes, como son las capacidades implicadas en la formulación de metas, las facultades empleadas en la planificación de los procesos y las estrategias para lograr los objetivos, y las aptitudes para llevar a cabo esas actividades de una forma eficaz.

Luria fue el primer autor que, sin nombrar el término, conceptualizó las funciones ejecutivas como una serie de trastornos en la iniciativa, en la motivación, en la formulación de metas y planes de acción y en la automonitorización de la conducta asociada a lesiones frontales. El término ‘funciones ejecutivas’ es definido por Muriel Lezak como las capacidades mentales esenciales para llevar a cabo una conducta eficaz, creativa y aceptada socialmente.

Para Sholberg, las funciones ejecutivas abarcan una serie de procesos cognitivos como la anticipación, la elección de objetivos, planificación, selección de la conducta, autorregulación y automonitorización.

Neuroanatómicamente, se han descrito diferentes circuitos funcionales dentro del córtex prefrontal, como el circuito dorsolateral relacionado más con actividades puramente cognitivas, como la memoria de trabajo, la atención selectiva, la formación de conceptos o la flexibilidad cognitiva. Por otro lado, el circuito ventromedial se asocia con el procesamiento de señales emocionales que guían nuestra toma de decisiones hacia objetivos basados en el juicio social y ético. El córtex prefrontal, pues, debe considerarse como un área de asociación heteromodal interconectada con una red distribuida de regiones corticales y subcorticales.

Por su parte, Fuster planteo su teoría general sobre el córtex prefrontal y consideró que éste era fundamental en la estructuración temporal de la conducta. Según este autor, dicha estructuración se llevaría a cabo mediante la coordinación de tres funciones subordinadas: -Función retrospectiva de memoria a corto plazo (MCP) provisional.

-Función prospectiva de planificación de la conducta (no olvidemos que la memoria es retrospectiva y prospectiva).

-Control y supresión de las influencias internas y externas capaces de interferir en la formación de patrones de conducta.

Stuss y Benson, propusieron un modelo jerárquico de las funciones mentales:

• En el vértice de esta jerarquía se encuentra la autoconciencia o autoanálisis, mediante el

cual se representan las experiencias subjetivas actuales en relación con las previas, monitorizando la propia actividad mental y utilizando el conocimiento adquirido para resolver nuevos problemas y guiar la toma de decisiones para el futuro.

• En un segundo nivel se encontrarían las funciones que realizan el control ejecutivo o cognitivo del resto de funciones mentales, tales como anticipación, selección de objetivos, formulación y planificación previa de posibles soluciones, iniciación de la respuesta con monitorización de la misma y de sus consecuencias.

• El tercer nivel corresponde a las funciones siguientes: a) el impulso, que engloba la capacidad de iniciar y mantener una actividad mental y una conducta motora. Este concepto está relacionado con la noción de motivación, que podemos definir como la energía necesaria puesta a disposición para lograr algo deseable o evitar algo indeseable, y que está relacionada con el estado emocional del sujeto. b) la organización temporal, que hace referencia a la capacidad de mantener secuencias de información y percibir el orden temporal de los sucesos.

  Autoconciencia

Control ejecutivo

       Cortex prefrontal

Prefrontal medial-basal

Posterior basal

Anticipación

Impulso

Planificación

Organización temporal

Conducta humana

Monitorización

     Selección de objetvos

                 Atención, memoria, lenguaje, cognición visoespacial, vigilia, percepción, conducta motora, emocionalidad

En cuanto a la memoria de trabajo, neurocientíficos como Goldberg consideran más adecuado hablar de memoria activa para enfatizar que lo fundamental de este tipo de memoria es la selección continua y rápida de la información útil en el instante del conjunto del conocimiento del que se dispone.

La memoria de trabajo se define como un sistema que mantiene y manipula la información de manera temporal, por lo que interviene en importantes procesos cognitivos, como la comprensión del lenguaje, la lectura, el razonamiento, etc. Este modelo fue desarrollado inicialmente por Baddeley y Hitch, pero ha sufrido una reformulación en el año 2000, fragmentando en la actualidad la memoria de trabajo en subcomponentes diferenciados: el bucle fonológico, la agenda visuoespacial, el ejecutivo central y el buffer episódico.

El bucle fonológico se halla involucrado en la adquisición del lenguaje, especialmente en la adquisición del vocabulario y la sintaxis, y el déficit en este sistema no tiene por qué asociarse inevitablemente con problemas en la comprensión.

Este componente puede ser dividido en dos elementos: el almacén fonológico pasivo, en el que la información acústica decae con el tiempo, sustentado en el giro supramarginal izquierdo; y el sistema de repaso subvocal activo, que actualiza los elementos almacenados para impedir que decaigan, vinculado al área de Broca, áreas motoras y premotoras izquierdas. El fascículo arqueado, una larga banda de fibras que generalmente conecta los centros anteriores y posteriores del lenguaje, enlaza ambas regiones.

El segundo gran sistema subordinado postulado por el modelo de memoria de trabajo es la agenda visuoespacial, un sistema cuyo cometido fundamental es crear y manipular imágenes visuoespaciales. La agenda visuoespacial opera de forma similar al bucle fonológico, sólo que su cometido se centra en mantener y manipular imágenes visuales.

El sistema ejecutivo central (SEC) es un sistema por medio del cual se llevan a cabo tareas cognitivas en las que interviene la memoria de trabajo y realiza operaciones de control y selección de estrategias. Actualmente, la mayor parte de los investigadores coincide al subrayar que este sistema no tiene tareas de almacenamiento y habitualmente se le atribuyen funciones como la activación de representaciones en la memoria a largo plazo, la inhibición activa de estímulos irrelevantes, la monitorización del contenido de la memoria operativa, el marcado temporal y la codificación contextual de la información entrante.

El planteamiento del marcador somático parte de algunas asunciones básicas que deben aceptarse para dotar de cierta verosimilitud a esta hipótesis tan sugerente:

El razonamiento humano y la toma de decisiones dependen de múltiples niveles de

operaciones neurobiológicas, algunas de las cuales ocurren en la mente y otras no.

Las operaciones mentales dependen de imágenes sensoriales, que se sustentan en la actividad coordinada de áreas corticales primarias.

Todas las operaciones mentales dependen de algunos procesos básicos, como la atención y la memoria de trabajo.

El razonamiento y toma de decisiones depende de una disponibilidad de conocimiento acerca de las situaciones y opciones para la acción; este conocimiento está almacenado en forma de disposiciones en la corteza cerebral y en núcleos subcorticales.

El conocimiento se puede clasificar como conocimiento innato y adquirido (estados corporales y procesos biorreguladores incluidas las emociones), conocimiento acerca de hechos, eventos y acciones (que se hacen explícitas como imágenes mentales), la unión entre conocimiento innato y conocimiento ‘acerca de’ refleja la experiencia individual y la categorización de este conocimiento nos otorga nuestra capacidad de razonamiento.

Marcador somático

Se refiere a una teoría que trata de explicar el papel de las emociones en elaprendizaje, el razonamiento y la toma de decisiones.

Consideraciones básicas:

Algunos elementos del razonamiento y la toma de decisiones dependen de procesamientos biológicos que no necesariamente son conscientes.

Las operaciones mentales dependen de imágenes sensoriales

Todas las operaciones mentales dependen de procesos básicos como la atención, la memoria de trabajo.

La información requerida para generar razonamiento y toma de decisiones involucra a áreas corticales y subcorticales.

La integración del conocimiento innato y del adquirido genera la capacidad de razonamiento.

Autorregulación

En términos generales, la autorregulación del comportamiento se presenta cuando un organismo es capaz de interactuar de forma relativamente independiente de la participación de otros, de tal manera que son las conductas del propio organismo las que tienen efectos sobre su desempeño en un momento posterior. Desde la psicología, diversas teorías coinciden en describir el desarrollo conductual orientado hacia la autorregulación con base en la regulación inicial del comportamiento social a lo individual, es decir, del comportamiento regulado por otras personas hasta la regulación propia. 

Es posible hablar de dos formas de autorregulación cualitativamente distintas: simple y compleja. La autorregulación simple se caracteriza por su naturaleza no lingüística convencional y es representativa de la conducta típicamente animal. Este tipo de conducta autorregulada está regida estrictamente por factores situacionales presentes, en que el organismo es capaz de modificar su comportamientomediante sus propias acciones en circunstancias que se encuentran ligadas biológicamente. 

Por otro lado, la conducta autorregulada compleja se distingue por la modulación de la actividad del organismo como y mediante el lenguaje, en correspondencia a diferentes contextos. La naturaleza lingüística en la que está envuelto este comportamiento autorregulado, le imprime un mayor grado de complejidad que únicamente es atribuible a la conducta humana, porque esta es alterada o modificada no sólo por las características de las situaciones que enfrenta en un determinado momento, sino también por estímulos de naturaleza verbal.

Desde el enfoque histórico-cultural, Vigotsky (1934/1988; 1979) describe que en el desarrollo psicológico surge el control voluntario y la clave para lograrlo es el proceso de interiorización. La noción de interiorización explica el proceso de transformación de las actividades o fenómenos sociales en eventos psicológicos de la siguiente manera: a) la interiorización es la transformación de un proceso interpersonal a uno intrapersonal sin que esto signifique que sea una copia de la realidad externa a un plano interno que ya existe, b) el plano interno es de naturaleza social por su génesis y c) su mecanismo y funcionamiento se constituye a partir de lo externo.

Lo fundamental de esta postura es dar cuenta de cómo los individuos incorporan los diferentes aspectos sociales a sus propios sistemas de conducta individual. Por esta razón, es crucial entender el proceso de “interiorización” y el papel que juega el lenguaje en la mediación entre personas, pues es el individuo quien regula el comportamiento de los demás, y en algún momento el propio, mediante diversas formas lingüísticas.

Por su parte, Luria enfatiza una función habitualmente olvidada por psicólogos y lingüistas; nos referimos a la función «pragmática” o «directiva» (Luria, 1969,1973, 1974). Resultado final del desarrollo del lenguaje, esta función dota al aprendizaje humano de una mayor movilidad en el establecimiento de conexiones temporales, frente al fijismo de los aprendizajes animales. 

Se alcanza a través de los intercambios del niño con la madre, especialmente mediante la me- morización de las instrucciones que éste ha de llevar a cabo.

Pero la adquisición de esta función no corre paralela al desarrollo de las otras esferas del lenguaje (fonética, semántica y sintáctica), como se podría suponer de manera un tanto simplista. Dado que se implica estrechamente con el desarrollo de la actividad, presenta un cierto retraso en relación a los demás aspectos enunciados. Así lo ponen de manifiesto los tra- bajos de algunos de los discípulos de Luria. Como las observaciones de Poljakova demuestran, la orden dada por el adulto es absolutamente ineficaz, cuando entra en contradicción con el interés inmediato del niño.

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